Sé que mi indecisión te aturde muchas veces y que te hago a un lado para entregarme a mis vicios, a esa necesidad absurda de sentir las manos llenas y rodearme de gente, pero dime qué puedo hacer si es más fuerte que yo. Quisiera poder decirte que cambiaré, que no sucederá otra vez; sé que he roto una y mil veces mi promesa de amor dulce amada mía… sé que los celos te atormentan, pero créeme por favor cuando te digo que quisiera consolarte y decirte, o más bien jurarte que eres mi mejor momento, decirte que te quedes tranquila y que nadie ocupará tu lugar. Pero, ¿sabes qué? No quiero mentirte porque todo mi ser grita desesperadamente que no puede más con esta agonía. Tus caricias son tan dulces y amargas, y tu compañía es tan fría que mi alma no halla consuelo entre tus brazos. Déjame ir, quedemos en paz… te pido que no llores mi ausencia, porque yo no lloraré por ti Bien Amada Soledad.
sábado, 27 de octubre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario